Astrología.

Por Eladio Miranda Batlle

Se conoce que en la antigua Babilonia ya se llevaban registros de eventos que sucedían en los cielos, los cuales eran utilizados para realizar predicciones acerca del futuro. En los tiempos del emperador Sargón, este utilizaba astrólogos para planear sus campañas militares. Por otro lado, la principal religión de los persas, el Zoroastrismo, creía en la influencia de los cielos sobre las personas, en especial los planetas.
Existen registros bastante definidos que muestran que la Astrología fue extendida ampliamente en Israel en el período antes del exilio. El uso de calendarios lunisolares en los tiempos del Antiguo Testamento necesitó el conocimiento de datos astronómicos bastante precisos.
Los horóscopos astrológicos comenzaron en Grecia, en el primer siglo de nuestra era. Continuaron más tarde en el período romano, donde se incorporaron elementos místicos del Egipto grecorromano, donde existía una gran fusión sincrética de los conceptos que envolvían las constelaciones de occidente, principalmente las del zodiaco con los elementos naturales de Egipto. Muchos de los trabajos astrológicos ocurrían en templos dedicados al culto de dioses. Estos antiguos principios de astrología fueron escritos en diferentes textos, el más representativo fue el de Claudio Ptolomeo llamado Tetrabiblos, que más tarde lugar a la moderna astrología, que comenzó a aplicarse en Occidente. En esos tiempos se suponía que tenía un trasfondo científico, porque operaba de acuerdo con leyes naturales.
Es una realidad que la Astrología goza hoy de muy buena salud, se ve en todas partes: revistas, periódicos, la televisión, etcétera.
Pero, ¿qué es la Astrología? Es una seudociencia que se encarga de vincular la forma en que los astros y sus configuraciones marcan nuestro carácter y guían nuestro destino en el momento de nuestro nacimiento. Son muchas las personas que creen en una auténtica in￾fluencia de los astros sobre su futuro; muchos son los que leen su horóscopo antes de salir de casa, e incluso esa lectura condiciona las actividades más o menos cotidianas de esas personas.

Como se sabe, la eclíptica es la región del cielo sobre la que pasa el Sol. En esta zona existen 12 constelaciones que dependen de la época del año; el Sol se encuentra sobre alguna de estas constelaciones. Según la tradición, la posición del Sol con respecto a estas marca el signo de la persona al nacer. “La astrología popular moderna proviene directamente de Claudio Ptolomeo, del siglo ii a. C. Sus postulados se han mantenido casi invariables a lo largo de estos más de 2000 años”.

El problema radica en que estos puntos por los que transita el Sol al cruzar el ecuador celeste no son estáticos, sino que se mueven en la eclíptica de este a oeste. Este movimiento es de 1º en 72 años y de 30º (todo un signo zodiacal) en unos 2 155 años. Esto quiere decir que cada 2 155 años los puntos equinocciales y solsticiales se mueven 30º hacia el oeste. Hoy en día, Aries sigue siendo el nombre del primer signo del zodiaco como corresponde￾ría en la época de Ptolomeo, cuando en realidad debería ser Piscis. Así que en buena lid, todos pertenecemos al signo que le sigue al que estamos acostumbrados a mencionar como nuestro.
Espax y Bozzo (1999) comentan:
No cabe duda acerca de la fuerte influencia de la astrología en el pensamiento de los grandes sabios de la historia: eminentes figuras como Isaac Newton y Johannes Kepler llegaron a creer en la astrología y a practicarla, quizás más por necesidad que por vocación. Fue a partir del Renacimiento y, sobre todo, en esos dos siglos, que la astrología y la astronomía se disgregaron, tanto en los objetos de estudio como en los métodos de trabajo. Una parte de los estudiosos se apartó de cualquier tipo de prejuicio mítico e irracional, y se centró en el estudio del Universo. La astrología quedó
como una materia de estudio de la influencia de los astros sobre la vida humana.
Para definir la personalidad y predecir el destino de las personas, los astrólogos tienen en cuenta el momento del nacimiento o alumbramiento, y para nada el momento de la fecundación o unión entre espermatozoide y óvulo. Los astrólogos argumentan que la influencia de los astros no afecta al zigoto ni por extensión al feto, pues este se halla protegido, dentro del seno materno, de toda influencia externa. Entonces cómo es posible que al nacer el niño sí lo afecte, cuando lo más probable es que el nacimiento ocurra en una sala de parto con gruesas paredes totalmente esterilizadas, y quizás con varios pisos por encima de esta.

¿Y tú Ofiuco quién eres? Ofiuco es la constelación número 13 del zodiaco, totalmente ignorada por los astrólogos. Resulta que la franja del Zodiaco por donde transita el Sol tiene en realidad 13 constelaciones y no 12, de hecho el Sol está más tiempo en Ofiuco que en Escorpión, entonces cómo es posible que esta constelación no afecte a nadie.
Si las estrellas dan problemas, que decir de los planetas y su influencia sobre nosotros. Cuando la astrología nació solo se conocían 5 planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. En aquella época ni Urano, ni Neptuno, ni Plutón influenciaban a nadie. Para colmo de males, en la actualidad, Plutón fue desterrado de la lista de planetas, así que ya no es válida su influencia sobre las personas como hace un año atrás. Recientemente se han descubierto otros cuerpos en el espacio, incluso de mayor masa que Plutón, así que debe￾mos prepararnos para su influencia, ahora que se descubrieron.
Lea este comentario de los investigadores Ramón Espax y Jordi Bozzo, titulado “Una revisión crítica de la astrología” que transcribo literalmente:
Siempre hemos hablado de cierta influencia de los astros sobre las personas. Pero, ¿a qué tipo de influencia se refieren los astrólogos? ¿Qué tipo de fuerza es la fuente u origen de esa supuesta influencia? La física explica que solo son cuatro las fuerzas que rigen en todos los lugares del Universo: las fuerzas nucleares fuerte y débil, la gravedad y el electromagnetismo.
Las dos últimas son fuerzas que se ejercen por todo el Universo, pero que disminuyen con la distancia: cuanto más lejos, menos fuerza. Las fuerzas nucleares, en cambio, actúan, en cierto modo, al revés: se ejerce tanta más fuerza como más lejanía hay. Estas fuerzas actúan, además, solo a nivel de partícula atómica, de modo que quedan ya fuera de todo interés.

La gravedad o fuerza de atracción entre dos cuerpos se determina gracias a una sencilla fórmula matemática, mérito del científico inglés Isaac Newton. En su aplicación se tienen en cuenta una constante de gravitación universal, las masas de los cuerpos en cuestión y la distancia que los separa. Es obvio que las masas de los planetas son enormes, así que su influencia gravitatoria debe ser enorme también. Pero se debe tener en cuenta su descomunal distancia: por aplicación directa de la fórmula de Newton, ejerce más fuerza atractiva la camilla sobre la que nace el bebé o el mismo ginecólogo que atiende el parto, que cualquiera de los planetas; la masa de ellos es infinitamente menor que la de un planeta, pero la distancia también es, en comparación, muchísimo menor.
Con respecto al último tipo de fuerza, el electromagnetismo, se trata de la más poderosa, ya que es cientos de billones de veces más intensa que la gravedad, de modo que es quizá la más prometedora para los astrólogos. El electromagnetismo se manifiesta con diferentes formas e intensidades, según la longitud y la frecuencia de su onda (desde las ondas de radio e infrarrojas hasta los rayos gamma, pasando por los rayos X, los rayos UV y la luz visible). Esa radiación puede ser más o menos intensa en función de que el astro en cuestión emita gran cantidad de energía propia (como el Sol y las demás estrellas) o bien refleje parte de la luz o la energía que recibe de otro astro (como un planeta o un asteroide). Aparte de que la mayoría de las radiaciones no pueden atravesar la atmósfera terrestre, la luz o radiación (el electromagnetismo, en definitiva) que emite un planeta es ridículamente inferior a la que llega del Sol. Los planetas emiten, por supuesto, radiación propia, pero la mayoría de la radiación que emiten es reflejo de luz solar y en cantidad minúscula. En un recién nacido influyen más las radiaciones de la lámpara del quirófano, y mucho más la radiación de las
emisoras de radio y los aparatos de televisión del lugar (ondas de radio).

Entonces podemos hacernos una pregunta, ¿por qué parece funcionar la Astrología? En primer lugar estas predicciones y rasgos tienen un carácter vago, es decir, no son precisas, esto facilita que la mente de quien las recibe adapte esa información a su persona. Por otro lado, entre tantas predicciones alguna siempre da en el clavo, olvidándonos inconscientemente de aquellas que fueron erradas. Estas predicciones se escriben en periódicos y revistas, los cuales consideramos por veraces y creíbles, y de los cuales no desconfiamos.
Vea una típica descripción del horóscopo: “Usted es una persona fundamentalmente seria, pero con un gran sentido del humor”. En realidad qué era, seria o tenía gran sentido del humor.
Otro ejemplo: “Por su temperamento prefiere la soledad, pero no le molesta trabajar con muchas personas, porque se siente a gusto con los demás”. Entonces le gusta estar solo o le encanta estar acompañado.
Esta técnica consiste en realizar descripciones con carácter contradictorio. De esta manera la mente de quien recibe el mensaje se encarga de desechar lo que no se adapta a él y tomar lo que sí. Con esto no se quiere prohibir ni juzgar la confección de horóscopos, sino de concientizar a la sociedad de que debe tomarlo como puro entretenimiento, para divertirse. Lo que es achacable a la Astrología es su realidad actual, su alta presencia en todos los ámbitos y las ganancias que obtienen los astrólogos con sus predicciones ficticias, a costa de la ignorancia y la credulidad popular.