Las constelaciones en el periodo Helénico
Por Eladio Miranda Batlle
Una vez finalizadas las grandes migraciones hacia el Egeo, los griegos desarrollaron una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos “helenos”, nombre derivado, según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término “griegos”, empleado por posteriores pueblos extranjeros provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín de una pequeña tribu helénica del Epiro, con la que los romanos tuvieron contacto.
La mitología griega tiene su base en las obras de Homero y Hesíodo. Homero en sus famosas obras La Ilíada y La Odisea hace referencia a constelaciones, como las Pléyades, las Híades, Orión y la Osa que también llamaban el Carro, también a estrellas como las actuales Sirio y Arturo. Según Homero, los pueblos utilizaban las estrellas para orientarse en el Mediterráneo.
Estas constelaciones fueron tomadas por los griegos cerca del año 500 a. C. Provenían de las constelaciones asociadas con animales, que fueron desarrolladas con anterioridad en Mesopotamia, en tradiciones y rituales religiosos. En cambio, las relacionadas con calendarios agrícolas no fueron tomadas. El origen de otras constelaciones griegas no es muy conocido, quizás fueron creaciones suyas. Por su parte Hesíodo, que se dio a conocer por sus obras Teogonía y Trabajos y Días, describe en esta última, determinados astros y su relación con la agricultura.
Los griegos llamaban a las constelaciones, “katasterismoi”, del griego καταστερισμοί κατά (encima, abajo) + ἀστήρ (estrella, astro), cuyo significado es “colocado entre las estrellas”. De estas agrupaciones de estrellas, 12 aparecían junto con el Sol cuando amanecía y eran conocidas como “zodiakos o zodiakos kyrklos”. Las constelaciones en general estaban asociadas con mitos griegos relacionados con dioses favoritos o malditos, héroes o bestias que recibieron un lugar en el cielo en conmemoración a hechos relevantes, en los que participaron. La fuente principal de los mitos griegos asociados con estrellas fueron los trabajos, hoy perdidos, de Hesiodo y Ferécides de Siros, y posteriormente de los trabajos de Aratus e
Higino (Hyginus).
Las constelaciones clásicas aparecen por primera vez en la obra Fenómenos12 (Phaenomena) en el año 275 a. C. de Arato de Solos, quien nació alrededor del año 310 a. C., y fue un conocedor de la obra de Hesíodo y Homero. Este fue el libro científico más popular de la época y aun en tiempos medievales, listaba 45 constelaciones incluidas 20 zodiacales.
Ediciones posteriores le agregaron mitologías más extensas e ilustraciones de otros autores a las constelaciones descritas por él. En esta obra describe las constelaciones, fenómenos meteorológicos y las divisiones de la esfera celeste.
Algunos piensan que Arato se basó en obras anteriores similares, principalmente una de Eudoxo llamada Espejo, aunque lamentablemente esta obra no ha llegado hasta nosotros. Eudoxo da la más temprana descripción de las constelaciones durante su visita a Egipto, donde construyó el primer globo celeste del que se tenga conocimiento; en él se mostraban las constelaciones con sus coordenadas ecuatoriales y eclípticas. Además, se considera el primero que establece un sistema que explica los movimientos del Sol y los planetas, intentando dar cuenta de sus irregularidades.
Arato, en su trabajo Phaenomena, describe por primera vez los límites de las constelaciones conocidas, sus mitos, y la salida y puesta de algunas estrellas de estas constelaciones.
Fue astrónomo y matemático, se le atribuye el descubrimiento que supone que el año solar tiene 6 h más de los 365 días. Por lo que se prefiere reconocer a Arato y no a Eudoxo, como el primero en describir las constelaciones en el año 270 a. C. Arato menciona 44 constelaciones incluyendo las zodiacales. Él trató de ensamblar el clásico mapa del cielo, tomando información de diferentes fuentes anteriores, aunque muchas de las leyendas fueron aplicadas a las constelaciones mucho más tarde.
La traducción más importante al latín de la obra de Arato la realizó Claudius Germanicus en el año 19 d.C., en la época del emperador Tiberio. Por su parte Aristóteles ya afirmaba que la Tierra era redonda, se basaba para afirmarlo en los eclipses lunares, donde
siempre se observaba que la sombra de la Tierra sobre la Luna tenía forma de arco de circunferencia. También observó que en el mar, cuando un barco aparecía en el horizonte, se veían primero las velas y después el casco.
Por su parte, Aristarco de Samos fue el primer astrónomo que predijo una teoría heliocéntrica del Universo, puso a la Tierra y a los planetas girando alrededor del Sol y mucho más lejos a las estrellas. Basó sus ideas en el descubrimiento de que la Tierra está mucho más lejos del Sol que de la Luna y cómo ambos astros parecen tener el mismo tamaño aparente, el Sol debería ser mucho más grande. Y así, lo lógico sería que fuese el cuerpo pequeño el que girase en torno al grande, y no al revés. Sus teorías no fueron aceptadas y tendrían que transcurrir más de 18 siglos hasta que Copérnico las rescatase del olvido.
Otro que ya mencionaba las constelaciones fue Eratóstenes de Cirene, quien llegó a ser el director de la Biblioteca de Alejandría, además de realizar muchísimos aportes a la Astronomía de la época. Fue el primero que midió el tamaño de la Tierra. En su trabajo Catasterismos, cuyo significado es “Colocado entre las estrellas”, asoció a cada constelación una imagen con un mito y la posición de las estrellas de esa constelación en relación a esa
imagen.
Eratóstenes explica los orígenes de las distintas constelaciones y asterismos, según la mitología griega, indicando el porqué de esta transformación en estrellas de los diversos héroes y dioses representados en el cielo. Muchos de estos mitos ya formaban parte del acervo cultural heleno desde hacía siglos. Algunos historiadores piensan que Eratóstenes creó muchos de estos mitos, en un intento de sistematizar las historias de las constelaciones. Se cree que la meta de los griegos al nombrar las constelaciones no era con el fin de realizar una astronomía observacional exacta en cuanto a la posición de las estrellas, era más bien desde el punto de vista artístico, educativo y mitológico.
Tras Eratóstenes apareció Hiparco de Nicea (190 a. C.-120 a. C.), el astrónomo más famoso de la Antigüedad. Su obra más importante fue Explicaciones de los fenómenos de Arato y Eudoxo, donde muestra un apéndice con la salida y el ocaso de todas las constelaciones. Fue, además, el descubridor de la precesión de la esfera celeste, descubriendo la distinta duración de las estaciones. Elaboró también un catálogo con más de 1 000 estrellas. Además, catalogó las estrellas según su intensidad y las clasificó en magnitudes de acuerdo con su grado de brillo.
Más tarde, en el siglo i, Géminos de Rodas escribió un texto astronómico titulado Introduccion to the Phenomena, donde describió la Astronomía griega en el período comprendido entre Hiparcos y Ptolomeo. Incluía el zodiaco, la esfera celeste, los ciclos de la Luna y otros temas. Listaba las 12 constelaciones del zodiaco, 22 constelaciones del Norte y 18 del Sur.
Por último, entre los años 130 d.C. y 160 d.C., los conocimientos astronómicos fueron compilados por Ptolomeo de Alejandría en su famoso Almagesto conocido originalmente como Mathematika Syntaxis, en español Composición Matemática. En este catálogo de constelaciones, solo 12 estrellas tenían nombre propio. Cuando el libro se tradujo al árabe recibió el nombre de al-majisti (El más grande). En el siglo xii todo el conocimiento astronómico árabe volvió a introducirse en Europa a través de España. Gerardo de Cremona tradujo la versión árabe del libro de Ptolomeo en latín. En 1175 d.C., el al-Magisti fue conocido entonces como Almagesto, y se convirtió en uno de los textos fundamentales de la Edad Media. Ptolomeo nació hacia el año 85 en Egipto y murió en el 165 en Alejandría. Consolidó los nombres de las constelaciones clásicas griegas y los nombres de muchas estrellas. Usó letras griegas para clasificarlas de acuerdo con su magnitud o brillo.
Ptolomeo quizás fue la última gran figura de la Antigüedad Clásica. Siglos posteriores fue reconocido por su obra Geographia (Geografía), la cual contaba de tres partes, divididas en ocho libros. Ptolomeo realizó un estudio sistemático del cielo y perfeccionó la obra de Hiparco. En su libro Almagesto, catalogó cerca de 1 028 estrellas agrupadas en 48 constelaciones. La diferencia entre las constelaciones descritas por Eratóstenes en Catasterismos y el Almagesto de Ptolomeo en cuanto a mitología, propició que diferentes autores prefirieran unas u otras. Además de ser adicionadas algunas, otras fueron omitidas o alteradas.
Por su parte, la Astrología se iba desarrollando a la par de la Astronomía, los horóscopos se hicieron cada vez más famosos, para elaborarlos se utilizaba la posición del Sol, la Luna y los planetas conocidos.
El primer registro de predicciones astrológicas posterior a los caldeos, lo escribió Ptolomeo en Tetrabiblos, que a su vez fue un buen tratado de Astronomía. Muchos de estos cultos astrales pasaron después a los soldados y administradores del Imperio Romano, donde el origen e identidad de muchas de estas imágenes fueron reveladas, relacionadas en su mayoría con leones, perros, cuervos, etcétera.
Fenómenos y Almagesto fueron traducidos por los árabes en numerosas ocasiones, entre los siglos x y xv, cuando desarrollaron una importante actividad astronómica. Mientras la ciencia retrocedía en Occidente, los estudios astronómicos renacían con fuerza en los países del Islam, numerosas leyendas y poemas fueron traducidos al árabe por filosófos árabe-islámicos.
La Astronomía Árabe ya había sido recolectada con anterioridad por astrónomos preislámicos en un libro llamado Kutub al-anwa (Libro de anwa). En este libro se mencionan más de 300 nombres de estrellas y asterismos, que a su vez habían recibido la influencia de Babilonia; por lo general, las estrellas entre la 1ra. y la 3ra. magnitudes tenían nombres propios árabes. En este período, las estrellas, “anwa” solo marcaban ciclos de tiempo, estaciones como la lluvia y la seca, y algunas predicciones meteorológicas. El sistema anwa contenía dos sistemas de 28 anwa, el primero equivalente a las estaciones lunares correspondientes a la Astronomía Árabe y el segundo sistema representaba asterismos a lo largo del zodiaco en la esfera celeste.
Con posterioridad, los árabes, muy influenciados por la civilización griega (tras un primer período en que la despreciaron), crearon en sus dominios importantes centros culturales, en los que proliferaban escuelas semejantes a las alejandrinas. En Astronomía, los árabes adoptaron el sistema de Ptolomeo, fundaron numerosos observatorios y perfeccionaron muchos instrumentos, entre estos algunos relacionados con la óptica.
El astrónomo persa Abd-Al-Rahman Al-Sufi (Azophi en Occidente), en el año 964 d.C. recogió muchos nombres de estrellas del Almagesto y los publicó en un libro llamado Libro de Fixed Stars (Kitab sumar al-Kawakib), en español “Libro de las estrellas fijas”. Los árabes, aunque no aportaron nuevas ideas, mantuvieron viva la ciencia griega en medio del oscurantismo medieval, de manera que aquella pudo ser transmitida a través de esos siglos.
Las 48 constelaciones griegas clásicas del catálogo de Ptolomeo fueron:
1. Ursa Minor. 25. Cáncer.
2. Ursa Major. 26. Leo.
3. Draco. 27. Virgo.
4. Cepheus. 28. Libra.
5. Boötes. 29. Scorpius.
6. Corona Borealis. 30. Sagittarius.
7. Hércules. 31. Capricornus.
8. Lyra. 32. Aquarius.
9. Cygnus. 33. Pisces.
10. Cassiopeia. 34. Cetus.
11. Perseus. 35. Orión.
12. Auriga. 36. Eridanus.
13. Ophiuchus. 37. Lepus.
14. Serpens. 38. Canis Major.
15. Sagitta. 39. Canis Minor.
16. Aquila. 40. Argo (Barco de los Argonautas).
17. Delphinus. 41. Hydra.
18. Equuleus. 42. Crater.
19. Pegasus. 43. Corvus.
20. Andrómeda. 44. Centaurus
21. Triangulum 45. Lupus
22. Aries. 46. Ara.
23. Taurus. 47. Corona Australis.
24. Gemini. 48. Piscis Austrinus.
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