Movimiento aparente de los objetos celestes

Por Eladio Miranda Batlle

Cuando miramos al cielo, por lo noche, vemos la Luna y las estrellas moverse en el cielo de este a oeste, dando la impresión de que la bóveda celeste es la que se mueve. En realidad, como todos sabemos, es la Tierra con su movimiento de rotación la que da esa sensación.
Si contemplamos las estrellas durante horas, veremos que todas se mueven al unísono sin cambiar la configuración de las constelaciones. Solo la estrella Polar es la que aparentemente no gira, pero en realidad sí efectúa un giro completo, solo que es tan pequeño que a ojo desnudo parece que está quieta.
Si tomamos como punto fijo de orientación la estrella Polar, veremos que todo el movimiento común de las estrellas se realiza en sentido contrario al de las agujas del reloj (sentido directo).
Si nos fijamos en el lugar que ocupa una constelación en el cielo a una hora determinada, por ejemplo, la Osa Mayor a las diez de la noche en la estación invernal, al día siguiente a la misma hora, la veremos un poco más hacia arriba. Cada quince días adelanta 1 h, que equivale a un arco de 15º, entonces el aspecto del cielo ya no es el mismo, y a los seis meses, encontraremos la Osa Mayor en la posición opuesta, llegando al mismo punto de origen otros seis meses después. Por supuesto, sucede lo mismo con las demás constelaciones. Esto demuestra que la Tierra se desplaza alrededor del Sol y en el transcurso de un año vemos diferentes constelaciones.
El hecho de que veamos distintas constelaciones en cada una de las estaciones del año, es consecuencia del circuito del Sol a través de la esfera celeste. Solo podemos ver estrellas en aquella parte del cielo que está lejos del Sol, es decir, en la parte de la Tierra que es de noche y como que el Sol se mueve a través del cielo en dirección Este, va cubriendo progresivamente unas constelaciones y va dejando ver otras.
Por ejemplo, en junio, el Sol está en aquella parte de la Eclíptica1que atraviesa Tauro y en diciembre, cuando el Sol se ha desplazado a la parte opuesta del cielo, Tauro luce brillantemente a medianoche en el sur del cielo.

Aunque se ha pretendido agrupar las constelaciones de diferentes maneras, los astrónomos modernos emplean 88 constelaciones para cubrir la totalidad de la bóveda celeste. Podemos imaginar que las constelaciones son una especie de continentes astrales que ayudan a encontrar algunos de los objetos más brillantes con relativa facilidad.
Algunas constelaciones conforman el famoso Zodiaco, que no son más que las constelaciones que se ubican en el camino del Sol, la Luna y los planetas en la Eclíptica. Por lo que no es de extrañar que desde la Antigüedad se diera prioridad al estudio de estas constelaciones.
El número de doce constelaciones zodiacales se debe a los doce meses lunares que hay aproximadamente en un año solar.
Los nombres de las constelaciones surgieron de fuentes muy diversas; mitos sobre dioses, leyendas sobre héroes legendarios y sucesos relacionados con estos, animales, instrumentos utilizados por diversos pueblos, etcétera.
Muchos nombres de estrellas se les atribuyeron a los árabes, pero muchas ya eran conocidas por los griegos. Los árabes lo que hicieron fue traducir algunos de estos nombres griegos al idioma árabe. Hoy decimos Osa Mayor, que es un nombre español o latino y no fuimos precisamente nosotros los que la descubrimos. Estrellas como Algol tienen nombre árabe en la misma medida que la Osa Mayor tiene nombre español.
El estudio de las estrellas y las constelaciones motivaron el surgimiento de la Astronomía en la Antigüedad. “Astronomía” proviene de la palabra griega astrom, que significa “estrella” y de la palabra nomos, que significa “ley”. El origen de las constelaciones es uno de los temas que más se discute, cuando se aborda la historia de la Astronomía occidental; es probable que muchas preguntas permanezcan sin contestar. El establecimiento de asterismos o la práctica de agrupar estrellas, quizás fue el preludio más temprano del origen de la Astronomía. En una misma latitud, diferentes pueblos veían las mismas estrellas, pero las agrupaban de manera diferente. En el Egipto antiguo se creía que los cielos estaban poblados por dioses que tomaban la forma de grandes agrupaciones de estrellas, sin embargo, en la antigua Grecia no se compartía esta creencia, en latitudes ecuatoriales, los Incas, y en latitudes del sur, los aborígenes australianos agrupaban las estrellas de manera diferente,
llegaron a nombrar varias zonas oscuras o carentes de estrellas del cielo nocturno como
constelaciones.
Con esta obra se agrupan los nombres de las 88 constelaciones, su historia, su ubicación
en la bóveda celeste y su mitología, para que todo el que mire al cielo en una noche despejada pueda, al menos, identificar la constelación que más le interese o le simpatice.

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